Diálogos de madera y vanguardia: El nacimiento de «PERSONARE» y un nuevo lazo con La Laguna

Hay reconocimientos que llegan en el momento justo, funcionando como un abrazo de la industria a la búsqueda constante de nuevos lenguajes. Este año 2026 me ha regalado una inmensa alegría en mi faceta como creador: obtener el Segundo Premio de Composición en el III Festival de Cuerda Pulsada de la Ciudad de San Cristóbal de La Laguna con mi obra «PERSONARE», una pieza escrita para timple y violonchelo.

Para ser completamente honesto, escribí esta partitura explícitamente para el concurso, utilizándola como la excusa perfecta para profundizar en un lenguaje que me obsesiona desde hace años: las posibilidades académicas y camerísticas del timple. No era mi primer acercamiento a este mundo sonoro. Hace casi una década intenté dar forma a una obra para viola y timple de la cual, aunque no prosperó como tal, logré sustraer la esencia y las ideas estructurales para mi cuarteto de cuerda titulado Eseró. Años más tarde, compuse una pieza para violonchelo, timple y contrabajo: la Patria; sin embargo, en aquella ocasión, el timple ejercía un rol más de acompañamiento y texturas secundarias, a pesar de ser una composición a la que guardo un cariño profundísimo.

Con «PERSONARE», el planteamiento técnico y conceptual tenía que dar un paso hacia adelante.

El timple del siglo XXI: Más allá del folclore

Siempre he mantenido la firme creencia de que la gran literatura concertística para el timple está aún por hacerse y renovarse. Las dimensiones, la construcción y la evolución técnica que ha experimentado el instrumento en las últimas décadas lo han hecho crecer de forma descomunal en su realidad armónica y en su paleta de colores. El timple de hoy ya no puede quedar encajonado en el papel de mero acompañante rítmico; posee una madurez que le permite reclamar el protagonismo absoluto en la música de cámara contemporánea.

Por esta razón, cuando me senté frente al papel pautado para dar vida a «PERSONARE», tenía una premisa innegociable: ambos instrumentos debían conversar en igualdad de condiciones, cruzando distintos niveles de protagonismo y texturas entrelazadas.

En lo que respecta a la estructura, concebí la pieza bajo el espíritu de una sonata tradicional, aunque terminó derivando en una forma sonata libre justo después de la exposición, permitiendo que el desarrollo fluyera de manera más orgánica y caprichosa.

Para lograr este diálogo sin jerarquías, exprimí los recursos técnicos de ambas maderas:

  • Para el timple: Diseñé pasajes que explotan desde sus característicos rasgueos y punteos tradicionales hasta el uso de melodías tremoladas y delicados sonidos armónicos. Todo ello envuelto en ese sentir tonal y modal que tanto define mi estilo compositivo, buscando una escritura que pueda ser cantada, asimilada y comprendida con facilidad por el oyente.
  • Para el violonchelo: Decidí explorar todo su registro más noble y expresivo, combinándolo con el uso de armónicos artificiales como técnica extendida, creando una atmósfera flotante que envuelve el metal de las cuerdas del timple.

El gran reto: La batalla acústica y las dinámicas

Uno de los mayores dolores de cabeza al unir un instrumento de arco como el violonchelo con uno de cuerda pulsada como el timple es la evidente disparidad de volumen y proyección. Era muy fácil caer en el error de sobrecargar la escritura del violonchelo, obligando al timplista a realizar un esfuerzo físico desmedido para no ser sepultado por los graves del chelo.

Para solucionar este conflicto técnico, trabajé minuciosamente el balance de las dinámicas en la partitura. Cada entrada, cada crescendo y cada plano sonoro están calculados al milímetro para que la obra pueda interpretarse siempre de manera puramente acústica, sin necesidad de amplificación electrónica. El timple respira y el violonchelo se repliega cuando es necesario, manteniendo la transparencia del tejido musical.

«PERSONARE» tiene una duración aproximada de 10 minutos. Aunque en la partitura incluyo marcas metronómicas explícitas, las he planteado como valores aproximativos y flexibles, otorgando al intérprete la libertad de moldear el tiempo según la acústica de la sala.

Mi gran deseo ahora es poder encerrarme pronto en un estudio para grabarla y, sobre todo, disfrutarla en el escenario junto a alguno de los extraordinarios amigos timplistas que, afortunadamente, florecen hoy en día a lo largo y ancho de nuestras Islas Canarias. Este premio en La Laguna es un impulso precioso para seguir creyendo en las infinitas posibilidades de nuestra música. ¡Seguimos creando!