Introducción
En el año 2021, el reconocido compositor Diego Navarro me brindó una de las oportunidades más desafiantes y gratificantes de mi carrera: poner la voz de mi violonchelo al tema principal de Dos, una película dirigida por Mar Targarona. La cinta es un largometraje español que juega magistralmente con el suspense y el terror psicológico, envolviendo al espectador en una historia tan rocambolesca como apasionante.
Hasta ese momento, mi experiencia en el mundo del cine se había desarrollado desde otra perspectiva. Había grabado en repetidas ocasiones como violonchelo tutti integrado en el corazón de una orquesta sinfónica y, a nivel más individual, había puesto música a algunos cortometrajes durante la etapa en la que viví en Francia. Sin embargo, nunca antes había sido el sonido principal, el auténtico leitmotiv de un largometraje de estas características.
Diego Navarro tenía una visión muy clara: quería aprovechar la profunda melancolía y la calidez orgánica del violonchelo para conducir la trágica emoción que se escondía detrás de la trama.
Una tarde de martes en Santa Cruz: Oscuridad y precisión
Si la memoria no me falla, fue una tarde de martes cuando nos encerramos en su estudio de Santa Cruz para dar vida a la partitura. El objetivo no era solo registrar el tema principal, sino también dar cuerpo a diferentes pasajes y tracks que necesitaban desesperadamente la oscuridad, el peso y la tensión que solo los sonidos graves del violonchelo pueden otorgar.
Fue un proceso verdaderamente hermoso, pero también exigente. En el estudio no hay lugar para el azar. Tuvimos que repetir numerosas tomas, puliendo cada arco, cada vibrato y cada silencio, hasta alcanzar el nivel expresivo exacto que la narrativa visual requería. Al final de la jornada, ambos supimos que habíamos logrado un resultado óptimo.
De hecho, siempre lo comento de broma, pero la posterior ecualización y mezcla que realizó Diego fue tan brillante que logró que mi violonchelo sonara con la majestuosidad del mismísimo Stradivarius de Yo-Yo Ma. O, al menos, ese es el maravilloso regalo que a mí me parece escuchar cada vez que vuelvo a reproducir la pista.
Grabar: El espejo inquebrantable del músico
Ponerse delante de un micrófono de alta sensibilidad en un estudio es, probablemente, el ejercicio de honestidad más brutal al que puede someterse un instrumentista.
La realidad del estudio: La grabación funciona como una guillotina implacable; no admite términos medios ni excusas. O suena bien, o suena mal.
Escondidos detrás de la acústica de una sala de conciertos o arropados por una orquesta, a veces podemos camuflar pequeñas imprecisiones, pero el micrófono lo desnuda todo. Reconozco que siempre resulta una prueba dura escucharse a uno mismo en frío durante las primeras tomas. Sin embargo, si uno se despoja del ego y aborda el proceso con la suficiente humildad, se convierte en una escuela acelerada de la que se aprende muchísimo.
Un consejo de oro para el futuro
A raíz de esta gran experiencia en la industria cinematográfica, aprendí un detalle técnico-administrativo que considero vital para cualquier músico de sesión, y que quiero dejar aquí reflejado a modo de consejo:
- Exige siempre tu registro en IMDB: Cuando colabores en la banda sonora de un proyecto de este calibre, no te olvides de solicitar de manera estricta que registren tus créditos en la base de datos de Internet Movie Database (IMDB). En el engranaje de la industria del cine, tener tu nombre correctamente ingresado en las fichas oficiales es tu mejor carta de presentación y lo que realmente sumará puntos para que te llamen en próximas producciones.
Poner mi granito de arena en Dos me demostró que el violonchelo no solo acompaña, sino que es capaz de transformarse en el pulso, el miedo y el corazón de una historia proyectada en la gran pantalla.