«AirPort»: Mi experiencia grabando en Corea del Sur y el arte de la precisión oriental

El año pasado, en 2025, la música me regaló una de las aventuras más fascinantes de mi vida. Con Socos Duo tuvimos la oportunidad de embarcarnos en una gira por Corea del Sur. Todo esto fue posible gracias a la impecable gestión de la productora y mánager Lora Minkyoung, quien organizó una serie de conciertos que nos llevaron a sumergirnos de lleno en el vibrante panorama musical surcoreano.

Nuestra ruta incluyó ciudades como Seúl, Damyang y Daejeon. En esta última tuvimos el honor de actuar en su prestigioso festival de músicas del mundo, uno de los más importantes del país. Fue un despliegue descomunal de actividades, escenarios y conciertos, pero la experiencia no iba a limitarse a la maravillosa energía de tocar en vivo y recibir el cálido aplauso del público coreano. Lora vio una oportunidad única: dejar un registro grabado de nuestra música colaborando con una de las formaciones que ella misma produce en Seúl: el YL Trio.

Este trío cuenta con uno de los pianistas más influyentes y respetados del panorama del jazz en Corea, el maestro de maestros Yang Jun Ho, un músico de un gusto excepcional y único, maravillosamente acompañado al bajo por Sang Lee, otro auténtico fenómeno musical.

Emu Sound

Cuando nos pusimos en camino al estudio de grabación, César y yo pensábamos que sería un encuentro informal entre amigos, casi por pasar el rato y compartir sinergias. Estábamos muy equivocados; aquello fue una experiencia religiosa de la producción musical.

El lugar elegido fue Emu Sound, que opera tanto como estudio de última generación como sello discográfico. Por fuera parecía la entrada al hall de un edificio residencial cualquiera, pero al bajar el primer piso me quedé con la boca abierta. Entrabas en una especie de laberinto impecable lleno de salas de grabación. Eso sí, la primera regla antes de cruzar el umbral era el respeto a sus costumbres: tenías que quitarte los zapatos, quedarte en calcetines y ponerte unas cholas de cortesía que ellos mismos te ofrecían.

Toda la jornada estuvo marcada por un respeto reverencial y un trato exquisito. No hubo un solo grito, ni una mala cara, ni una pizca de la estridencia que a veces se vive en los estudios occidentales. El pasillo distribuía salas de edición, cabinas de calentamiento, salas específicas para voces y, al final del todo, la gran sala principal que albergaba un imponente piano de cola.

Una ingeniería de grabación milimétrica

La idea del proyecto era sumamente ambiciosa: grabar todos a la vez, en riguroso directo. Para lograrlo sin que los instrumentos se contaminaran entre sí, el despliegue técnico fue fascinante:

  • Distribución de salas: La batería estaba aislada en una habitación contigua. Yo me ubiqué en otra sala adyacente para aislar el sonido de mi violonchelo, mientras que César y su marimba se colocaron junto a la sala del piano, pero estratégicamente separados.
  • Contacto visual total: A pesar de estar en salas divididas, una enorme y limpísima cristalera cruzaba las habitaciones, permitiéndonos mantener el contacto visual y la comunicación no verbal en todo momento.
  • La sala de control: Detrás de los cristales se encontraba una cabina con un sofá enorme para descansar. Me llamó mucho la atención que el ingeniero de sonido nunca miraba hacia nosotros; todo su equipo estaba orientado hacia otra pared donde recibía el audio a través de monitores de referencia y controlaba los parámetros en múltiples pantallas. Justo detrás, el productor musical seguía la sesión con la partitura en mano, haciendo anotaciones en tiempo real para mejorar cada toma de inmediato en otra mesa.

Por si fuera poco, la producción contrató a un equipo de fotografía y vídeo que estuvo registrando cada segundo de manera muy simpática y respetuosa para dar vida a un videoclip y a un making of.

Nos colocamos en nuestros puestos y lanzamos las primeras tomas para registrar la estructura general del tema, dejando los espacios limpios para los solos, que grabaríamos a posteriori para poder seleccionar las mejores ideas artísticas.

Primero grabó César su solo de marimba y luego llegó mi turno. Lo recuerdo como un momento de absoluta lucidez y felicidad. Estaba muy inspirado; mientras escuchaba por los auriculares el tema —una composición que nunca antes habíamos tocado juntos con la banda coreana— las ideas musicales fluían solas.

Una anécdota entrañable: Mientras grababa mi solo concentrado con los auriculares puestos, los micrófonos de ambiente de la sala de control se quedaron abiertos. Pude escuchar nítidamente las exclamaciones de admiración y los «¡Oh!» del maestro Yang Jun Ho ante las frases que yo iba dibujando con el arco. Saber que un músico de su calibre estaba disfrutando así con mi interpretación me insufló una energía tremenda.

Aunque la segunda toma ya nos había dejado plenamente satisfechos, la producción nos pidió una tercera por pura seguridad. Fue en esa última oportunidad donde emergió un solo precioso, orgánico y vibrante, que es el que finalmente quedó editado en el máster.

La jornada se extendió por más de nueve intensas horas. Tuvimos tiempo de escuchar los solos de piano y bajo, y compartimos el almuerzo en una pequeña salita del estudio, sentados todos juntos en el suelo. Fue como comer en familia, en un ambiente de una calidez humana inolvidable.

Más allá de la hospitalidad, lo que más me impactó de la cultura de trabajo coreana fue la obsesión por la excelencia técnica. Las salas estaban impolutas, diáfanas y perfectamente iluminadas. Durante los descansos, los técnicos entraban a la sala con cintas métricas para medir milimétricamente la distancia de los micrófonos respecto a los instrumentos, asegurándose de que la colocación fuera matemáticamente perfecta en cada sesión.

El resultado de este bellísimo choque cultural es «AirPort». Si acuden a sus plataformas digitales favoritas y buscan este tema bajo el nombre de Socos Duo, podrán apreciar el mimo, la precisión y el alma que dejamos impregnados en las paredes de aquel estudio subterráneo de Seúl. Una experiencia feliz que se queda grabada en mi memoria para siempre.

Cómo grabar una obra contemporánea en tiempo récord: Innovación al servicio del cuarteto de cuerda

Introducción

El universo de la música contemporánea exige al intérprete una flexibilidad mental y técnica absoluta. Pero cuando a la complejidad de una partitura de vanguardia se le suma una crisis de personal a las puertas del estudio, el desafío deja de ser puramente musical y se convierte en un problema de pura supervivencia logística. Esta es la historia de cómo logramos grabar Éxodo celeste, tierra negra, de la compositora colombiana Carolina Noguera, en un tiempo récord y sin perder la cordura en el intento.

La obra, un encargo de la plataforma Vector de Ideas, suponía una nueva e importante incursión de Carolina en la literatura para esta formación. Si no me equivoco, la autora contaba ya en su catálogo con cinco cuartetos de cuerda y una pieza de larga duración para la misma plantilla, por lo que esta obra se convertía en su séptimo trabajo en este exigente contexto camerístico.

La tormenta perfecta: Dos meses y un cuarteto por reconstruir

Nuestra idea inicial era abordar la grabación con la formación original del Cuarteto Imprevisto de 2021, la misma plantilla con la que habíamos registrado nuestro primer álbum. Sin embargo, el destino tenía otros planes. Por razones estrictamente personales, Mariana (segundo violín) y Eva (viola) tuvieron que abandonar el proyecto a las puertas del estudio.

Faltando apenas ocho semanas para la fecha de grabación, me vi en la encrucijada de reconstruir el grupo a contrarreloj. Afortunadamente, logré que Eugenia Jaubert se incorporara al segundo violín y Melchor García asumiera la viola.

La realidad era de un misticismo técnico aterrador: nos quedaban exactamente siete semanas de margen para acoplar el nuevo cuarteto y ensayar no solo la intrincada obra de Carolina Noguera, sino también otras tres piezas de autores canarios que completaban el disco. El ritmo de trabajo iba a ser implacable.

El muro de la música contemporánea y la ausencia de pulso

Quienes hayan trabajado el repertorio contemporáneo, especialmente aquel centrado en la investigación de texturas sonoras y técnicas extendidas, saben que lograr una unidad de concepto tímbrico es una tarea titánica. Y lo es aún más cuando los músicos apenas están empezando a conocerse y a respirar juntos sobre el escenario. A esto se suma la reticencia natural de muchos intérpretes a «meterse en estos fregados musicales», dada la enorme dificultad de coordinar movimientos complejos con la continuidad de la pulsación.

El gran escollo de Éxodo celeste, tierra negra residía, precisamente, en su ritmo:

  • Inicio etéreo: La obra arranca sin ningún tipo de punto de apoyo rítmico tradicional. Es una densidad sonora constante, flotante, sin marcas temporales que definan la velocidad o el tempo de las notas.
  • Diversidad de caracteres: Cuando un cuarteto no ha rodado lo suficiente y sus miembros tienen personalidades métricas distintas, es casi imposible que compartan la misma unidad de tiempo interno. Los cambios constantes de velocidad volvían impracticable la sincronización a través de los métodos de ensayo habituales.

Lo intentamos por la vía tradicional, pero el tiempo se nos diluía entre los dedos y no lográbamos unificar esa visión holística y orgánica que la obra requería. Necesitábamos una solución radical.

El «Hackeo» técnico: Nace la videoclaqueta dirigida

Ante la desesperación, decidí aparcar el arco por unas horas y sentarme frente al ordenador para diseñar una herramienta tecnológica a medida. El proceso fue el siguiente:

  1. Transmisión a partitura digital: Transcribí minuciosamente en Sibelius todos los compases de la obra, respetando cada cambio de tempo y cada mutación rítmica, y lo exporté a formato MIDI.
  2. La guía de voz: Importé ese mapa de tiempo en Logic y me grabé a mí mismo marcando los pulsos y cantando las estructuras en voz alta, emulando el sistema de click con guía de voz que utilizan los baterías de pop o rock en las grandes giras.
  3. El apoyo visual: Para curarme en salud, añadí un sistema de imágenes en pantalla. Cada vez que el compás cambiaba o venía una modulación de tiempo, la pantalla emitía un destello o un cambio drástico de color. Si el oído dudaba, la vista lo confirmaba.

Mientras pulía este sistema, me di cuenta de que un cuarteto siempre funciona mejor bajo el influjo de una dirección física. Así que di el paso definitivo: me grabé en vídeo dirigiendo a la cámara sobre la propia claqueta, señalando las frases y anticipando de viva voz cada transición difícil.

[Sibelius (Mapa de compases)] 
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[Logic (Midi + Mi voz marcando partes)] 
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[Edición de Vídeo (Flashes visuales de compás + Yo dirigiendo en pantalla)]
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      ▼
[Resultado en Estudio: Músicos con auriculares leyendo la partitura y mirando la Tablet]

El milagro en el estudio: Llegar, dar al REC e interpretar

Llegamos al estudio de grabación una semana después de perfeccionar el invento. Colocamos una pequeña tableta frente a los atriles de los cuatro músicos, les pusimos auriculares individuales y lanzamos el sistema. El único reto técnico restante era puramente acústico: asegurarnos de que el sonido de los auriculares ni mis indicaciones a viva voz se filtraran por los micrófonos de condensador que captaban las cuerdas.

El resultado fue inmediato y mágico: El sistema funcionó a la perfección desde el primer minuto. Lo que antes eran dudas, miradas de desconcierto y desajustes métricos, se convirtió en una ejecución fluida y precisa. Los músicos se sintieron arropados por un director virtual que les marcaba el camino exacto dentro del caos contemporáneo.

Gracias a este esfuerzo de ingeniería casera, en la segunda toma ya teníamos la obra de Carolina Noguera completamente grabada con un ensamblaje perfecto. Hicimos una tercera toma por pura prevención y seguridad, pero el trabajo estaba hecho. Lo mejor de todo fue que el uso de la claqueta tecnológica no restó un ápice de expresividad ni de alma a la interpretación; al contrario, al liberar a los músicos del estrés de contar tiempos ciegos, pudieron concentrarse exclusivamente en el color, la textura y la belleza de la música.

https://open.spotify.com/track/40KQvnkSFpb6dAO1xGmr03?si=rR2toON0QxmK9UHBEGmJjA

Fue un trabajo previo titánico por mi parte, pero mereció la pena cada segundo. Dejo aquí esta anécdota y este método por si en el futuro a algún compañero le toca lidiar con las prisas de la industria y la complejidad de la vanguardia: a veces, la tecnología es el mejor puente hacia la música del mañana.

Mi experiencia grabando la banda sonora de «Dos»: El violonchelo como leitmotiv del suspense

Introducción

En el año 2021, el reconocido compositor Diego Navarro me brindó una de las oportunidades más desafiantes y gratificantes de mi carrera: poner la voz de mi violonchelo al tema principal de Dos, una película dirigida por Mar Targarona. La cinta es un largometraje español que juega magistralmente con el suspense y el terror psicológico, envolviendo al espectador en una historia tan rocambolesca como apasionante.

Hasta ese momento, mi experiencia en el mundo del cine se había desarrollado desde otra perspectiva. Había grabado en repetidas ocasiones como violonchelo tutti integrado en el corazón de una orquesta sinfónica y, a nivel más individual, había puesto música a algunos cortometrajes durante la etapa en la que viví en Francia. Sin embargo, nunca antes había sido el sonido principal, el auténtico leitmotiv de un largometraje de estas características.

Diego Navarro tenía una visión muy clara: quería aprovechar la profunda melancolía y la calidez orgánica del violonchelo para conducir la trágica emoción que se escondía detrás de la trama.

Una tarde de martes en Santa Cruz: Oscuridad y precisión

Si la memoria no me falla, fue una tarde de martes cuando nos encerramos en su estudio de Santa Cruz para dar vida a la partitura. El objetivo no era solo registrar el tema principal, sino también dar cuerpo a diferentes pasajes y tracks que necesitaban desesperadamente la oscuridad, el peso y la tensión que solo los sonidos graves del violonchelo pueden otorgar.

Fue un proceso verdaderamente hermoso, pero también exigente. En el estudio no hay lugar para el azar. Tuvimos que repetir numerosas tomas, puliendo cada arco, cada vibrato y cada silencio, hasta alcanzar el nivel expresivo exacto que la narrativa visual requería. Al final de la jornada, ambos supimos que habíamos logrado un resultado óptimo.

De hecho, siempre lo comento de broma, pero la posterior ecualización y mezcla que realizó Diego fue tan brillante que logró que mi violonchelo sonara con la majestuosidad del mismísimo Stradivarius de Yo-Yo Ma. O, al menos, ese es el maravilloso regalo que a mí me parece escuchar cada vez que vuelvo a reproducir la pista.

Grabar: El espejo inquebrantable del músico

Ponerse delante de un micrófono de alta sensibilidad en un estudio es, probablemente, el ejercicio de honestidad más brutal al que puede someterse un instrumentista.

La realidad del estudio: La grabación funciona como una guillotina implacable; no admite términos medios ni excusas. O suena bien, o suena mal.

Escondidos detrás de la acústica de una sala de conciertos o arropados por una orquesta, a veces podemos camuflar pequeñas imprecisiones, pero el micrófono lo desnuda todo. Reconozco que siempre resulta una prueba dura escucharse a uno mismo en frío durante las primeras tomas. Sin embargo, si uno se despoja del ego y aborda el proceso con la suficiente humildad, se convierte en una escuela acelerada de la que se aprende muchísimo.

Un consejo de oro para el futuro

A raíz de esta gran experiencia en la industria cinematográfica, aprendí un detalle técnico-administrativo que considero vital para cualquier músico de sesión, y que quiero dejar aquí reflejado a modo de consejo:

  • Exige siempre tu registro en IMDB: Cuando colabores en la banda sonora de un proyecto de este calibre, no te olvides de solicitar de manera estricta que registren tus créditos en la base de datos de Internet Movie Database (IMDB). En el engranaje de la industria del cine, tener tu nombre correctamente ingresado en las fichas oficiales es tu mejor carta de presentación y lo que realmente sumará puntos para que te llamen en próximas producciones.

Poner mi granito de arena en Dos me demostró que el violonchelo no solo acompaña, sino que es capaz de transformarse en el pulso, el miedo y el corazón de una historia proyectada en la gran pantalla.