Introducción
Producir un evento musical de alta envergadura es siempre un desafío, pero cuando se conjugan la historia, la fe, la televisión nacional y la presencia de la realeza, el reto se transforma en una obra de artesanía pura. Hoy quiero inaugurar este blog compartiendo con ustedes los entresijos, los desvelos y la inmensa satisfacción de un proyecto que marcó un hito en mi carrera como coordinador y músico: el concierto para la Reina Emérita Doña Sofía en la Catedral de San Cristóbal de La Laguna.
Todo comenzó en marzo de 2024. El Ayuntamiento de San Cristóbal de La Laguna se puso en contacto conmigo con una encomienda de altísima responsabilidad. Se conmemoraban los 30 años de la ciudad como Patrimonio Histórico de la Humanidad por la Unesco, y el broche de oro sería un concierto sacro dentro de la imponente catedral de la ciudad, presidido por Su Majestad.
La premisa era clara: el repertorio debía poseer un profundo carácter sacro, solemne y respetuoso con el espacio, pero al mismo tiempo debía ser vibrante, emotivo y capaz de erizar la piel. Para lograrlo, contábamos con dos de las voces más importantes y prestigiosas de la lírica actual: el tenor Airam Hernández y la soprano Raquel Lojendio.
El alma del concierto: La filigrana del repertorio
Mi primera gran labor como coordinador fue dar forma a la materia prima: la música. Diseñar un repertorio para artistas de la talla de Raquel y Airam requiere un diálogo constante. Me sumergí en conversaciones profundas con ambos, buscando un equilibrio perfecto entre sus extraordinarias capacidades vocales, las exigencias del espacio sacro y la narrativa emocional que queríamos transmitir.
No buscábamos una sucesión fría de piezas religiosas; queríamos trazar una línea discursiva que conmoviera a la Reina y a todos los asistentes. Tras afinar ideas y consensuar propuestas, logramos dar con esa línea perfecta que unía la solemnidad litúrgica con la pasión interpretativa.
De lo sinfónico a la intimidad: El reto de los arreglos musicales
Originalmente, una cita de este calibre sugería el despliegue de una orquesta, pero las necesidades del Ayuntamiento y del espacio nos redirigieron hacia un formato mucho más íntimo y orgánico: un quinteto con piano (piano y cuarteto de cuerda).
Esto supuso que, antes de que el primer instrumento empezara a sonar en los ensayos, tuve que enfrentarme a decenas de horas de trabajo en el escritorio, adaptando y arreglando las partituras:
- Reducciones sinfónicas: Muchas de las grandes obras elegidas tenían un origen puramente sinfónico. Tuve que destilar la esencia de toda una orquesta para que cupiera en las teclas del piano y el arco de cuatro cuerdas, sin perder un ápice de su grandeza.
- Enriquecimiento tímbrico: En otras piezas, tomé la reducción de piano ya existente y la «engrandecí», vistiendo y adornando la armonía a través de la sección de cuerda.
- Formato de cuarteto puro: Para ciertas obras, opté por adaptaciones exclusivas para cuarteto de cuerda.
El objetivo de esta artesanía musical: Crear un contraste constante de colores, texturas y dinámicas a lo largo del concierto. Quería evitar la monotonía; cada pieza debía sorprender por su tímbrica particular, haciendo el evento fluido, ameno y sumamente rico al oído.
Tras este maratón de arreglos, llegó el momento de la verdad. Convocamos a los músicos para los primeros ensayos. Decidimos trabajar primero la pura base instrumental antes de encontrarnos con los cantantes. Aunque siempre surgen pequeños ajustes de última hora sobre el papel, el esfuerzo dio sus frutos: el resultado técnico y musical fue óptimo.
El protocolo de la Casa Real y la precisión de RTVE
Quienes ven un concierto desde la butaca o la pantalla pocas veces imaginan el engranaje invisible que se mueve detrás. Al tratarse de una visita real y de una efeméride de la Unesco, la logística y el protocolo adquirieron una dimensión milimétrica.
Coordinar la escaleta del evento implicó múltiples reuniones con operarios, técnicos y el personal técnico del Ayuntamiento. Sin embargo, el nivel de exigencia subió un peldaño más con la entrada de Radiotelevisión Española (RTVE), que retransmitiría el concierto posteriormente. El equipo de televisión necesitaba conocer con exactitud la colocación de cada músico, el tipo de atriles (para evitar reflejos en las cámaras) y los ángulos visuales para garantizar una realización impecable.
[Altar de la Catedral]
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+--> [Zona de Seguridad de la Reina Sofía] (Distancia obligatoria)
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+--> [Nueva Posición del Quinteto] (Desplazado lateralmente)
Seguridad y etiqueta en la zona real
El momento de mayor tensión logística llegó con la llamada del Jefe de Seguridad de la Casa Real. Su misión era evaluar los riesgos y medir los espacios en el plano de la catedral.
Por cuestiones estrictas de protocolo y seguridad, determinaron que los músicos no podíamos estar demasiado cerca de la Reina Emérita. Esto nos obligó a replantear la escenografía original sobre la marcha, rodando y desplazando la ubicación del quinteto hacia un lateral del espacio asignado, garantizando la distancia reglamentaria sin perder acústica.
Además, la maquinaria de seguridad exigió:
- Acreditación nominal previa de cada uno de los músicos y técnicos del equipo.
- Horarios de acceso y encuentro estrictos, donde el más mínimo retraso podía comprometer la entrada al recinto.
- Un riguroso código de vestimenta que respetase el decoro del templo y la solemnidad del acto frente a la Corona.
El broche de oro: El encuentro con Doña Sofía
Cuando las luces de la catedral se encendieron y las últimas notas sacras dejaron de resonar en la bóveda, supimos que habíamos logrado algo grande. La maquinaria había funcionado a la perfección. Pero la mayor sorpresa del proyecto nos aguardaba al final.
Se nos había notificado previamente que, tras el concierto, los músicos no debíamos retirarnos de inmediato. Su Majestad la Reina Sofía quería saludarnos personalmente.
Aquellos minutos de encuentro privado fueron, además de un honor, un momento de un valor profesional incalculable. Lejos del frío protocolo formal, descubrimos a una mujer sumamente grata, cercana y poseedora de una sensibilidad artística desbordante. Es bien conocida su faceta como una de las grandes conocedoras y melómanas de la música clásica dentro de la realeza europea, y sus comentarios técnicos e impresiones sobre el repertorio y las adaptaciones que habíamos preparado nos demostraron que escuchó cada nota con absoluta atención.
Organizar este concierto no solo fue un ejercicio de resistencia musical y logística; fue la confirmación de que, cuando se cuida cada detalle con pasión, la música es capaz de elevarse hasta los escenarios más exigentes del mundo.
Músicos:
Julia Nikoliszak, violin. Eugenia Jaubert, violin. Alba Gorrea, viola. Ciro Hernández, violonchelo. Emiko Morimoto, piano.
Adaptación y arreglos: Ciro Hernández